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marzo 05, 2020
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"Llevo 50 horas sin que me hagan caso. He llamado más de siete veces al 112, estoy cansada de repetirles que he tenido contacto directo con varias personas que han dado positivo en coronavirus. Pero ni aun así... Sigo esperando sin que nadie me haga la prueba".
Con una voz entrecortada, adornada con una incesante tos, habla Marina, nombre que ha elegido por miedo a desvelar su identidad. Asidua a la Iglesia Apostólica Pentecostal de Madrid, templo evangélico ubicado en Leganés en el que ya han contraído coronavirus una decena de personas, incluyendo a dos pastores, esta mujer de 39 años siente que Sanidad está "pasando" de ella: "Tal vez si les digo que me estoy muriendo me prestasen atención, aunque quizás, entonces, ya sería demasiado tarde".
Recuerda que los primeros síntomas aparecieron el pasado lunes 24 de febrero, cuando ya se notó extraña. Pero no fue hasta un día después cuando apareció la fiebre y los ataques de tos. Ese mismo martes comió con Paz, la mujer que este lunes dio positivo en coronavirus y que continúa aislada en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo.
"Llevo más de una semana con los síntomas. Cuando respiro hondo o hablo demasiado me quedo sin aire. Los ataques de tos no cesan, tampoco el dolor en el pecho. Por no hablar de la fiebre y la febrícula...", detalla Marina.
Tras una semana sin que su malestar remitiera, decidió acudir a su centro de salud, pero, cuando describió su cuadro sintomático y confesó que había tenido contacto con casos positivos en coronavirus, le redirigieron inmediatamente a su casa. Desde su hogar llamó al 900102112. "Nadie me contestó, así que decidí llamar al 112 directamente". Sería la primera de siete llamadas a lo largo de estos tres días.
"Tras explicarles vía telefónica mis síntomas y remarcarles que había tenido contacto directo con personas que ya estaban hospitalizadas al tener coronavirus, me tomaron los datos y me dijeron que desde Salud Pública se pondrían en contacto conmigo. Que me llamarían...".
"QUÉDESE EN CASA Y TOME PARACETAMOL"
Pasaron las horas y, nerviosa por un silencio que sólo rompían sus carraspeos, Marina optó por volver a llamar el lunes por la noche. "Ya está apuntada, quédese tranquila en casa y siga tomando agua y paracetamol, que lo está haciendo muy bien", fue la respuesta que recibió, según esta evangélica. Ayer martes, más de lo mismo. Tres llamadas que, según señala, cayeron en saco roto. "A las 22.54 les telefoneé de nuevo y me dijeron que colgara, que me llamarían... Y nada".
"Hoy miércoles, a las seis de la mañana, entre escalofríos y toses, volví a llamar. Se tuvo que poner mi marido porque yo no podía hablar. Les dijo que ya llevábamos más de 48 horas esperando y que, si no venía alguien a hacernos la prueba, iríamos al hospital. Nos dijeron que no podíamos hacer eso. Y, por primera vez, nos aseguraron que, a lo largo del día, vendrían a hacernos las pruebas. Pero son las 18.00... Y, de nuevo, nada".
A Marina, además de la preocupación por si se lo ha podido contagiar a sus dos hijos menores o a sus familiares y amigos, le urge saberlo ya que su esposo trabaja con materiales alimenticios. "Su empresa entrega comida a más de 5.000 personas mayores. Estos días no ha ido a trabajar...", lamenta la devota. "El médico le ha dado una baja de 72 horas. Pero se juega el despido por estar ausentándose. No hay un positivo en coronavirus respalde que no vaya a trabajar. Necesitamos saberlo cuanto antes. En las noticias dicen que a aquellos que han tenido contacto directo con algún contagiado son a los que primeros tratan, pero yo que llevo llamando desde hace tres días y nadie me ha escuchado".
Fuente: https://www.elmundo.es/papel/historias/2020/03/04/5e5fecbefdddffba978b45de.html
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