miércoles, 31 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus: 31/01/20
martes, 30 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus: 25/01/20
Origen del Coronavirus: 30/03/2021
Origen del Coronavirus: 30/03/21
domingo, 28 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus: 22/04/20
La situación tan extraordinaria que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia de COVID-19 es solo comparable, salvando las distancias, a la que hace poco más de un siglo padeció el mundo con la de gripe de 1918. Los efectos que ha producido el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en todos los países son de enorme gravedad desde los puntos de vista clínico, económico y social. Ante ello, el personal sanitario está dando su vida (en algunos casos de forma literal, lamentablemente) para intentar salvar la de los demás. Nunca les agradeceremos lo suficiente todo lo que están haciendo. Los científicos intentamos aportar también nuestro trabajo y experiencia al conocimiento de este virus y a la lucha contra él.
Sin embargo, a la vez también se están difundiendo por distintas vías informaciones falsas, sesgadas y malintencionadas sobre todo lo relacionado con esta pandemia. En un mundo globalizado en el que triunfan los bulos propagados a velocidad meteórica por todo el planeta, uno de los temas que está generando mayor desinformación es el relativo al origen del SARS-CoV-2. Así, los conspiranoicos más imaginativos han afirmado que es un virus artificial, fabricado en un laboratorio.
La ciencia no se basa en opiniones
A diferencia de los opinadores, los científicos se basan en datos y en el pensamiento racional. Así, tras comparar a escala molecular este virus con otros relacionados que se han caracterizado durante las últimas décadas (desde que en 1965 fue descrito el primer coronavirus), nos dicen precisamente lo contrario.
El SARS-CoV-2 no es un virus artificial, sino que ha surgido por selección natural a partir de otros del género Betacoronavirus, dentro de la familia Coronaviridae. Su genoma (una cadena de ARN de unos 29 900 nucleótidos de longitud) muestra diferentes porcentajes de similitud de secuencia con respecto a los otros seis coronavirus humanos conocidos. Entre ellos hay dos que se hicieron tristemente famosos en los primeros años de este siglo: el SARS-CoV-1, causante de la epidemia del síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en 2002, y el MERS-CoV, que produjo la epidemia del síndrome respiratorio de Oriente Medio en 2012.
Los análisis de las secuencias genómicas muestran que, como los demás coronavirus humanos, SARS-CoV-2 es también de origen animal. Representa un nuevo caso de zoonosis, es decir, una infección producida a través de un “salto de hospedador” del patógeno desde otra especie animal hasta la nuestra.
Por ejemplo, un coronavirus muy similar al SARS-CoV-1, responsable de la epidemia de 2002, fue en su día identificado en civetas de palmera comunes (Paradoxurus hermaphroditus) de un mercado de animales vivos en Guangdong (China), así como en trabajadores del mismo mercado.
Por su parte, el nuevo SARS-CoV-2 no tiene al SARS-CoV-1 como el pariente más cercano. A día de hoy, los miembros del género Betacoronavirus más parecidos al virus causante de la COVID-19 se han encontrado en murciélagos (el virus llamado BatCoV RaTG13, que infecta a la especie Rhinolophus affinis) y en pangolines malayos (con varias secuencias detectadas en la especie Manis javanica).
Pero la transmisión directa desde estos mamíferos a los humanos en épocas recientes es muy poco probable, dada la gran distancia genética entre dichos virus: el linaje del SARS-CoV-2 podría haberse separado de los coronavirus de murciélago conocidos hace al menos 40 años. Por tanto, se están buscando coronavirus más similares al SARS-CoV-2 en otra u otras “especies X” que hayan podido actuar como intermediarias en el salto definitivo hasta los humanos.
Otra opción es que, a partir de una transmisión lejana desde murciélagos o pangolines, este coronavirus haya evolucionado en nuestra especie durante mucho tiempo de forma asintomática, hasta que hace pocos meses aumentó su virulencia y comenzó a producir la enfermedad COVID-19.
Un dato muy interesante es que, al analizar en detalle la secuencia de aminoácidos de la proteína que forma las características espículas de diferentes coronavirus, la del SARS-CoV-2 presenta algunas diferencias muy claras con respecto a las demás de la familia.
Dichas mutaciones, y sobre todo la inserción de cuatro aminoácidos en un lugar concreto de su estructura, no podrían haber sido predichas por ningún científico a partir de los datos genómicos previamente conocidos. De hecho, el genoma del SARS-CoV-2 ni siquiera contiene los “rastros” que dejarían atrás las técnicas usadas para hacer ingeniería genética en el virus.
Además, se ha comprobado que la interacción entre esta proteína de las espículas del SARS-CoV-2 y el receptor celular (nuestra proteína de membrana llamada ACE2) no se produce según sería esperable de un proceso “diseñado” para optimizar el contacto y, por tanto, para tratar de generar un virus más eficiente infectándonos.
Desprecio de la ciencia
A diferencia de cómo trabajan los ingenieros (sean industriales o genéticos), la evolución biológica no va en busca de la “perfección” o la “optimización” sino que hace bricolaje con lo disponible: las soluciones que adopta no son las óptimas, sólo aquellas suficientemente viables en cada caso como para seguir avanzando. Este es un buen ejemplo de ello.
Por tanto, no es defendible que uno de esos “científicos locos” de las malas películas de ficción hubiese sido capaz de idear (y, mucho menos, sintetizar) un virus como el SARS-CoV-2. De hecho, esta es una curiosa característica de los conspiranoicos: desprecian toda evidencia que les llega desde la ciencia, pero a la vez nos otorgan a los científicos unas capacidades extraordinarias, como sería la de construir un nuevo virus en el laboratorio.
Por el contrario, la naturaleza sí sabe hacerlo cuando dispone del tiempo suficiente y se produce un contacto estrecho entre distintas especies animales con la frecuencia necesaria. En este caso, ambos requisitos se han podido dar en el sureste asiático, especialmente en los mercados de animales vivos (como el de Huanan en Wuhan, en la provincia china de Hubei), con lo que la naturaleza ha podido exhibir todo su potencial.
Propaganda conspiranoica
Otra de las hipótesis infundadas en relación con el origen de la pandemia, que se está poniendo sobre la mesa desde el 14 de abril en algunos medios de comunicación norteamericanos, como un columnista del Washington Post y la cadena Fox, alentados desde la Casa Blanca, es que el SARS-CoV-2 se liberó desde un laboratorio del Wuhan Institute of Virology.
En este Centro sí se ha trabajado con el coronavirus de murciélago BatCoV RaTG13 que citábamos anteriormente. Pero, tal como ha indicado en un comunicado del 16 de abril el eminente virólogo Edward H. Holmes (investigador de la Universidad de Sídney, Australia, y autor de varios artículos sobre el origen del SARS-CoV-2, entre ellos dos citados más arriba), dada la gran distancia genética ya comentada resulta evidente que este virus de murciélago no puede ser el antecedente directo del que está produciendo la pandemia de COVID-19. De forma muy gráfica Rasmus Nielsen, genetista de la Universidad de California en Berkeley, ha indicado en su cuenta de Twitter que ambos virus son “tan similares entre sí como una persona y un cerdo”.
Sin embargo, a la hora de valorar el impacto de esas noticias infundadas no podemos pasar por alto que una encuesta reciente cifra en un 48 % la proporción de ciudadanos estadounidenses que consideran al presidente Trump como una fuente de información fiable sobre el coronavirus.
Además, al bulo del virus fabricado en un laboratorio y luego liberado desde él se ha sumado incluso un premio Nobel que propone, sin ningún fundamento bioquímico, genético o evolutivo, que el SARS-CoV-2 contiene secuencias del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), causante del sida, introducidas de manera artificial.
Muchos virus, incluyendo los coronavirus, el VIH y el virus del resfriado común, contienen fragmentos genómicos similares adquiridos en algún momento lejano de su pasado evolutivo, pero esto no tiene nada de extraordinario.
Ante toda esta serie de bulos, la OMS ha tenido que salir al paso para, nuevamente, recordar que el origen más probable del coronavirus SARS-CoV-2 es la infección desde animales no humanos
El culpable es la promiscuidad viral
Contrariamente a la idea del escape desde un laboratorio, el origen de este nuevo coronavirus humano en la naturaleza está claramente apoyado por esa promiscuidad viral que mencionábamos. En este contexto, merece la pena recordar los datos aportados por el zoólogo y ecólogo norteamericano Peter Daszak desde su cuenta de Twitter: en torno al 3 % de la población rural del sudeste asiático tiene anticuerpos frente a coronavirus de murciélagos, y se ha calculado que aproximadamente 1,7 millones de personas se exponen cada año a estos virus animales. A partir de ahí, sin duda la evolución puede hacer el resto.
Así, por todo lo que hoy sabemos es inverosímil que el “paciente 0” de esta pandemia fuera un trabajador del Wuhan Institute of Virology infectado por el BatCoV RaTG13. No hay ninguna prueba de que, en ese Instituto o en ningún otro, se hubiera trabajado con el virus humano SARS-CoV-2 antes de que las autoridades chinas comunicaran las primeras infecciones en Wuhan, el 30 de diciembre de 2019. De todos modos, dado cómo se suele manejar la información en ese país y los antecedentes que existen, valdría la pena investigar a fondo si se ha producido una ocultación de datos sensibles sobre este tema.
Origen del Coronavirus: 05/12/20
sábado, 27 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus: 27/03/21
miércoles, 24 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus: 07/12/20
En menos de un año, el virus ha contagiado a más de 64 millones de personas y ha causado casi 1,5 millones de muertes. Cada vez son más las afirmaciones que niegan que las infecciones sean reales o que cuestionan la eficacia de las mascarillas. Así, a medida que la crisis de Covid-19 empeora, el mundo también se enfrenta a una pandemia global de desinformación.
“El coronavirus no existe realmente”
Una de las teorías conspirativas más populares afirma que "el covid-19 no existe realmente". Los que lo creen aseguran que las élites del mundo mienten sobre el covid para provocar miedo y mantener bajo control a una sociedad cada vez más descontenta.
Otros dicen que el covid-19 existe, pero no es tan peligroso como se dice. Las tonterías de tal o cual celebridad en Twitter se vuelven más válidas que las conclusiones de un investigador que pasó meses estudiando el virus. Artistas como Paty Navidad o Miguel Bosé han presentado públicamente sus ideas sobre el coronavirus, apoyando la teoría de que Bill Gates y sus fundaciones de salud pueden estar detrás de la pandemia.
Los profesionales de la salud advierten del peligro de estas afirmaciones negacionistas. “Hay comportamientos que rayan lo delictivo. No entiendo cómo se puede ser tan perverso con la salud de la ciudadanía”, ha declarado el jefe de sección de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Canarias, el doctor Amós García. Las autoridades médicas invitan a estos manifestantes a "pasar una tarde en una unidad de cuidados intensivos o a tomar un café con las miles de familias españolas que han perdido a un ser querido por el virus".
“Las mascarillas son ineficaces, incluso peligrosas”
Entre los rumores infundados que circulan por Internet, la idea de que las mascarillas impiden la buena respiración sigue siendo persistente. Algunos usuarios incluso sostienen que el uso de una mascarilla se asocia con una falta de oxígeno en el cuerpo (hipoxia) y una alta absorción de CO2, lo que es perjudicial para la salud.
Las mascarillas, especialmente las quirúrgicas, están concebidas para que los profesionales de la salud las usen durante varias horas, sin obstaculizar su capacidad de trabajo ni afectar a su capacidad respiratoria. Si algunas personas pueden sentirse incómodas usando una mascarilla es porque no están acostumbradas a ella: estas protecciones están pensadas para dejar entrar el oxígeno en el cuerpo. El riesgo de intoxicación por CO2 no está probado de ninguna manera.
El coronavirus se transmite principalmente por la nariz y la boca, un estornudo puede enviar gotas a nueve metros de distancia, cuanto más se habla (en voz alta), más gotas se emiten. Las personas asintomáticas y presintomáticas pueden infectar sin saberlo. Más que una herramienta para protegerse a sí mismo, la mascarilla es sobre todo útil para proteger a los demás, porque evita la proyección de gotas. Así, el uso de una mascarilla sólo es útil si la llevan todos los miembros de una comunidad (y no sólo un puñado de individuos o los enfermos).
Sin embargo, en la práctica, las mascarillas a menudo se olvidan en los bolsillos o bolsas, raramente se lavan, se reutilizan una y otra vez, se bajan bajo la nariz, se aplastan todo el día... Sus oponentes no se equivocan: tratadas así, su eficacia está lejos de ser óptima.
“Una conspiración de Bill Gates”
Origen del Coronavirus: 06/04/20
La crisis generada por la pandemia del coronavirus ha generado todo tipo de teorías de la conspiración sin ninguna base que circulan por las redes sociales.
Una de las que más éxito ha tenido en los últimos días es la que explica que lo ocurrido es "la Tercera Guerra Mundial" pese a que "nadie se entere".
China vs. EEUU
En un vídeo anónimo, se explica que el Covid-19 ha sido causado por la lucha de China y EEUU por hacerse con la hegemonía del planeta.
La excéntrica conjetura sobre la supuesta batalla por el dominio mundial --propia de terraplanistas-- incluye otros elementos, como el petróleo, y también involucra a más países como Rusia y Arabia Saudí.
Derrota de Occidente
La conclusión de esta teoría conspiracionista es que las potencias que están ganando esta "guerra" son China y Rusia, mientras que los grandes derrotados son EEUU y Europa.
martes, 23 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus: 08/04/20
¿Cuál es el origen del coronavirus? Pues entre la marea de bulos que ha traído la pandemia de coronavirus, uno de los más mencionados es el de su presunta creación artificial en un laboratorio. El efecto de esta gran mentira es tal que los científicos de todo el mundo han decidido estudiar sus genes para comprobar si, efectivamente, cabe esa posibilidad. Lo que han descubierto es que una máquina de contagio tan perfecta está muy lejos del alcance de la creación artificial.
Ni forma parte de un experimento del Gobierno estadounidense ni es un arma biológica manipulada genéticamente en un laboratorio para acabar con la humanidad. El coronavirus de Wuhan el virus que provoca el Covid-19, lo creó la naturaleza. Así lo ha ratificado una investigación publicada el pasado martes en la revista Nature que trata de evaluar el posible origen de este virus, cuyas características solo puede explicar la selección natural.
El miedo y la incertidumbre, sumados a la ingente cantidad de información que circula estos días acerca del virus, han ido generando un caldo de cultivo propicio para la creación de suposiciones, conjeturas y teorías conspirativas. Hemos recogido las más virales y las fuentes de información oficiales que las han desmentido.
Origen del Coronavirus: 18/05/20
lunes, 22 de marzo de 2021
Origen del Coronavirus en Video: 29/02/20
Para Maduro, el Coronavirus es un invento yanki para tumbar a China: "Muchos análisis confirman que el coronavirus puede ser una cepa creada para la guerra biológica contra China".
Origen del Coronavirus en Video: 28/02/20
Origen del Coronavirus: 20/04/20
Origen del Coronavirus: 25/05/20

marzo 31, 2021












