viernes, 7 de febrero de 2020

Coronavirus: Testimonio

Weng Qiuqiu nunca supo qué fue lo que la mató.



La enfermedad se movió rápido. En tan solo 12 días, esta mujer de 32 años residente de Huanggang, en la céntrica provincia china de Hubei, pasó de quejarse por un dolor de cabeza y toser a ser diagnosticada con un tipo "desconocido" de neumonía y conectada a un respirador. Finalmente, el 21 de enero de 2020 y sin esperanzas de mejorar, su esposo Chen Yong aceptó que le retiraran el soporte vital. En dos semanas, había gastado 200.000 yuanes (26.000 euros) —todos sus ahorros más lo que pudieron pedir prestado a familia, amigos y a través de una campaña de ‘crowdfunding’— en el tratamiento.

Durante semanas, Hubei ha sido sacudida por una nueva epidemia de coronavirus que ha contagiado a más de 24.000 personas y ha dejado por el momento casi 500 muertos, según cifras oficiales. Pero incluso estos números no cuentan la historia completa. El 24 de enero, un grupo de investigación asociado a la Universidad de Wuhan advirtió a los doctores de que los numerosos síntomas del nuevo coronavirus lo hacían difícil de identificar y de tratar.

El certificado de muerte de Weng tan solo refleja que murió de un "shock' séptico, fallo respiratorio y neumonía severa”. Chen todavía no sabe si su esposa tuvo el coronavirus y, en ese caso, si un diagnóstico adecuado podría haberle salvado la vida. Huanggang se encuentra tan solo a 75 kilómetros de la capital de Wuhan, donde comenzó la epidemia, y ha estado entre las áreas más afectadas por la expansión del virus, con miles de infectados y más de una docena de muertos.

Mientras Weng se aferraba a la vida, funcionarios municipales y provinciales se demoraban en escalar la respuesta a la crisis y tardaron en pedir más kits de detección, en dar a los hospitales autoridad para confirmar casos por su cuenta y en cerrar el transporte público entre en varias ciudades. Y a las 17:00 horas del 21 de enero, poco después de que Weng falleciera, el gobierno de la ciudad de Wuhan anunciaba que cubriría las facturas médicas de todos los afectados.

Nada de eso ayuda a Chen cuando su joven hija pregunta dónde está su madre. Y tampoco alivia su sufrimiento por el segundo hijo que Weng estaba gestando cuando murió. Está abatido por la culpa: algunos pacientes que estaban con Weng comenzaron a recuperarse gradualmente, lo que le deja la duda de que habría pasado si hubiera sido capaz de esperar un poco más.




0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Powerade Coupons